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BIOGRAFIA
DR. JOSE LUIS SOTO
(1936-2026)
La familia agradece que, en lugar de flores, se realicen donaciones en su honor a UCCD.
José Luis Soto nació el 14 de mayo de 1936 en un pequeño pueblo llamado Limonar, ubicado en la provincia de Matanzas, Cuba. Fue el cuarto de un total de siete hermanos. Veintitrés días después de su nacimiento, sus padres, don Francisco Soto y doña Eloina Pérez, lo registraron en la ciudad portuaria de Cárdenas.
Los primeros años de su vida se desarrollaron entre limones y mangos, en un pequeño pueblo llamado Manguito. Más tarde, hasta las puertas de su adolescencia, vivió en otro pueblo de Matanzas conocido como Jagüey Grande. Su infancia estuvo marcada por las limitaciones de crecer en una familia extremadamente pobre. Los setenta pesos cubanos que su padre ganaba como policía apenas alcanzaban para cubrir las necesidades básicas. La comida era escasa y el hambre una constante compañía.
Fue durante el segundo grado cuando algo extraordinario ocurrió. En una oportunidad especial, José Luis tuvo acceso a uno de los pocos libros disponibles en el aula. Más tarde, para asombro general, al responder una serie de preguntas hechas por la maestra Ester Toca, demostró una retentiva extraordinaria al reproducir casi literalmente lo que había leído.
Intrigada, la maestra le preguntó si ya había leído ese libro antes. La respuesta fue un rotundo no. Sorprendida por la impresionante memoria fotográfica del niño, Ester Toca decidió tomar cartas en el asunto. Se dirigió rápidamente a la jefatura de policía para hablar con el padre de José Luis. Allí le suplicó que permitiera que el niño continuará con su educación, asegurando que su talento innato le prometía un futuro brillante en el ámbito académico y universitario.
Tres años después, a los diez años de edad y cursando el quinto grado, la situación del alumno se volvió insostenible. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en la calle como limpiabotas o bolero para ganarse la vida. Años más tarde, ya establecido en la capital, solía detenerse frente a las imponentes escalinatas de la Alma Mater, la majestuosa Universidad de La Habana. Fue allí donde comprendió que sus sueños de convertirse en astrónomo eran como papalotes que caían al suelo por falta de viento. En ese lugar, bajo el peso de la angustia y la cruda realidad de un entorno insensible, terminó por aceptar que su destino era el de ser considerado un ciudadano de segunda categoría.
Durante los tres años siguientes al dejar la escuela primaria, adoptó el apodo de Bolero y asumió el rol de su propio maestro. Durante ese tiempo comenzó a pedir libros prestados y, cuando podía comprarlos, los leía con voracidad. A los trece años consiguió trabajo en una tienda de ropa, cuyo dueño, un polaco de temperamento iracundo, marcó esa etapa de su vida. En su mente adolescente, rebelde y descontrolada, tomó la decisión de robar algunos artículos de la tienda, sólo para arrojarlos después a los basureros de las calles. En una ocasión, sustrajo un chaleco y fue descubierto; el dueño informó a su padre. La estricta ética y el orgullo del padre se tradujeron en varias bofetadas y un severo castigo: enviarlo al campo, específicamente al valle de Guamacaron, donde trabajaría en la finca de su tío político Pascual.
Tras tres largos años viviendo en pleno monte, acompañado por una tía de carácter dulce y profundamente cristiana y un tío anciano y de temperamento iracundo, la vida del joven transcurría sin contacto con adolescentes o personas de su edad. Su única compañía eran los caballos, vacas, toros, ovejas y cerdos, con los que solía hablar para llenar el vacío de la soledad. En medio de ese aislamiento, Dios, siempre consciente de su situación y con un propósito claro para su vida, intervino de una manera inesperada.
A ese inhóspito lugar llegaron unos misioneros afroamericanos de la "Iglesia de Dios en Cristo", quienes realizaron varias predicaciones que impactaron profundamente en su corazón. Conmovido, el joven aceptó a Cristo Jesús como su Salvador personal y fue bautizado en un riachuelo cercano. Sin embargo, cuando los misioneros hablaron sobre el concepto del diezmo durante uno de los cultos, el tío se enfureció tanto que prohibió que volvieran a su hogar para continuar con los servicios religiosos.
A pesar de esto, aquel muchacho rebelde había tenido una experiencia transformadora: había conocido a Cristo, aprendido algunos himnos e incluso participado en la Santa Cena. Sin embargo, tras esa etapa inicial, dejó de escuchar la palabra de Dios durante un largo tiempo. Pasados casi tres años, su padre finalmente levantó el castigo que lo mantenía confinado a aquella dura y sombría rutina. Regresó al mundo como alguien marcado por una profunda amargura. El resentimiento contra la sociedad consumía su corazón, haciéndo olvidar todo lo que había aprendido acerca de Cristo, los cantos que una vez entonó con fe y el significado de su bautismo. Lo único que quedaba en él era el dolor y el odio que ahora predominan sobre cualquier recuerdo de esperanza.
Uno de sus hermanos, Hernando, había partido hacia La Habana. Siguiendo su ejemplo, él también decidió mudarse, con tan solo 16 años. La vida en la capital resultó ser extremadamente difícil para un joven de pueblo recién llegado y sin recursos; la mayoría del tiempo estaba desempleado. Sin embargo, sus dos hermanos, quienes vivían juntos, le ofrecían ayuda ocasionalmente. A pesar de su carácter duro y rebelde, logró encontrar en Dios una guía que lo llevó a aprender el oficio de la mecánica automotriz. Más adelante, formó una sociedad con un hombre que aportó el capital necesario para abrir un negocio, mientras que él contribuyó con los conocimientos adquiridos durante sus años errantes en La Habana. A los 23 años, su vida dio un giro: gracias a una buena clientela, su pequeño taller se transformó en un próspero "hospital de automóviles", generando ingresos que lo destacaron entre los jóvenes de su generación.
El fervor que experimentaba en su corazón por servir a Dios lo consideraba resultado de haber aceptado a Jesucristo como su Salvador personal. Sin embargo, con el paso de los días, ese fervor se transformó en una necesidad esencial. Nada más parecía tener significado o valor para él como el dedicarse plenamente a predicar la palabra de Dios.
A los 23 años, se dejó llevar por el gozo que experimentaba al imaginarse predicando la palabra y sirviendo a Dios. El 12 de abril de 1959 había aceptado a Cristo como su salvador personal; ahora había entregado su vida completamente a Él. Anhelaba descubrir cómo Dios mismo interactuaba con él. José Luis Soto deseaba conocer profundamente lo que implicaba vivir en total dependencia de Dios y experimentar lo que significa ser sostenido por el Señor.
El 10 de marzo de 1960 conoció a la joven que se convertiría en su esposa. Para entonces, ya había recibido de Dios abundancia en trabajo y recursos económicos. Fue así como decidió casarse el 12 de abril de 1961 en La Habana, Cuba. Al mismo tiempo, crecía en él el llamado al servicio del Señor, lo que despertó su deseo de prepararse de manera adecuada. Esto lo llevó a buscar oportunidades para estudiar en el Instituto Bíblico Pentecostal de las Asambleas de Dios, ubicado en Mancas, en la provincia de la Villa de Cuba.
Un año después, el 30 de julio de 1962, el Señor dispuso que dejaran Cuba para servir en los Estados Unidos, y nada ni nadie podría alterar esa decisión divina. Decidieron dirigirse al aeropuerto. Mientras estaban allí, se anunciaron los nombres de José Luis Soto Pérez y Alma del Carmen Bayona Martín; aquello fue otro de los milagros que solo Dios puede obrar. En aquellos tiempos, el auge del comunismo dificultaba enormemente que las personas lograran salir del país.
En octubre de 1962 se trasladaron a Orlando, Florida. Sin demora, comenzaron a abrir su hogar para llevar a cabo reuniones cristianas. Solo necesitaron tres meses para superar la nostalgia y adaptarse a su nueva vida.
En 1963 se trasladaron a Nueva York y se asentaron en la ciudad de Yonkers. Allí permanecieron durante 11 meses, dedicándose al servicio del Señor como superintendente de la escuela dominical y, con el tiempo, también como co-pastor. Durante un día de oración, José Luis Soto sintió claramente que Dios le hablaba a su corazón, revelándose que no era Su voluntad que él permaneciera allí. Ante esto, José Luis respondió con sinceridad: "Abre la puerta hacia donde tú quieras; si es para Cuba, iré a Cuba; si es para China, iré a China. Por la puerta que tú abras, ahí entraré". Tan solo dos días después, recibió una llamada de sus suegros, quienes vivían en Ohio, CA, invitándolos a pasar un tiempo con ellos antes de trasladarse a Miami.
El 24 de marzo de 1964 llegaron al aeropuerto de la ciudad de Burbank, cerca de Los Ángeles, California, tras haber soportado largas horas de viaje en un avión que parecía un tren "lechero", realizando hasta cuatro escalas en el trayecto.
El 6 de septiembre de 1964 comenzó su vida pastoral en California. Fue el momento de decir adiós a Miami y a esa existencia casi nómada de un matrimonio sin hijos, donde Dios los había guiado de sur a norte, de este a oeste, atravesando la vasta geografía estadounidense.
Nueve meses después de asumir el pastorado en la Iglesia Bethania, el 5 de junio de 1965, nació su primer hijo, Eric, el primogénito. Poco más de un año después, el 12 de septiembre de 1966, llegó su hija Donna y, finalmente, el 27 de febrero de 1968 nació su hijo menor, David. Era evidente que Dios glorificaba su nombre a través de aquellos que Él elige conforme a su perfecta voluntad.
DOS GRANDES MILAGROS
En 1967, en la ciudad de Compton, California, un grupo de personas se encontraba llevando a cabo actividades para recaudar fondos. Entre ellos estaba la hermana Evangelina López, hija de pastores, quien padecía una enfermedad crónica del corazón. Ese día, había olvidado tomar sus pastillas de nitroglicerina, necesarias para controlar su padecimiento. A pesar de que comenzó a experimentar un intenso dolor en el pecho, decidió no decir nada por temor a ser juzgada y que se le acusara de falta de fe en el Señor como sanador.
De pronto, sufrió un ataque tan grave que se vio obligada a recostarse en un sofá. Silenciosamente, allí mismo dejó este mundo y pasó a la eternidad. Un hermano de la congregación notificó al pastor José Luis Soto sobre lo sucedido. Sin perder tiempo, el pastor salió rápidamente hacia la iglesia acompañado de su esposa Carmita. Para cuando llegaron, ya habían contactado a la funeraria para que se encargara del cuerpo. Evangelina yacía con los ojos y la boca entreabiertos, y habían transcurrido tres horas desde el momento de su fallecimiento.
El pastor Soto sintió profundamente en su interior que Dios le hablaba y le decía que reprendiera la muerte y ordenará que el espíritu de vida regresara al cuerpo de Evangelina. Caminando de un lado a otro, nuevamente recibió esa impresión en su corazón: que reprendiera la muerte en el nombre de Cristo y llamara al espíritu de vida nuevamente. Tomado por un gran temor, decidió obedecer lo que creía que era una orden divina. Con voz moderada declaró: “Hermana Evangelina, reprendo la muerte en tu cuerpo y ordenó que el espíritu de vida regrese, en el nombre de Cristo Jesús, el Hijo de Dios”.
En ese instante, Evangelina abrió los ojos y preguntó: “¿Qué pasó?”. No solo volvió a la vida, sino que también fue completamente sanada de su enfermedad cardíaca. Este no fue el único caso en el que Dios usó al pastor Soto para reprender la muerte.
En 1969, el pastor José Luis Soto fundó otra iglesia en la ciudad de Huntington Park, California. Un día, al salir un vehículo del estacionamiento de su templo, ocurrió un trágico accidente. El conductor del auto, inexperto y con diez pasajeros a bordo, no pudo evitar colisionar con otro vehículo que venía a gran velocidad y que había ignorado la señal roja del semáforo. El choque dejó varios heridos, pero lo más desgarrador fue la muerte de Ana María Brito, la hija del conductor, quien al no llevar puesto el cinturón de seguridad, salió despedida dos metros fuera del automóvil, quedando tendida en el suelo durante un largo tiempo.
En ese angustiante momento y en presencia del pastor José Luis Soto, el Espíritu Santo se manifestó sobre él y le susurró un mensaje claro: "Reprende la muerte". Gracias a la experiencia previa que el pastor había tenido dos años antes con la hermana Evangelina—cuando por mandato divino ordenó a la muerte retirarse para que el espíritu de vida regresara a ella—Soto actuó nuevamente con convicción, siguiendo la dirección divina. Y así sucedió, por segunda vez, el Señor utilizó al pastor para traer de vuelta la vida en el nombre de Jesús. Dos milagros extraordinarios que confirmaron la presencia y respaldo del Señor en su vida y ministerio.
Por otro lado, hacia finales de 1968, Estados Unidos abrió sus fronteras a los cubanos que deseaban establecerse en el país. Esto desencadenó un éxodo masivo de personas que llegaban desde diversas embarcaciones procedentes de Cuba. Muchos habían perdido todo y llegaban con el corazón destrozado y sentimientos de dolor e incertidumbre. En este contexto, entre 1969 y 1974, el Señor inspiró un nuevo propósito en el ministerio del pastor José Luis Soto, quien fundó “El Centro de Refugiados Cubanos” en Los Ángeles, California. Esta organización tenía su sede en la intersección de las avenidas Gage y Pacific, en Huntington Park. Desde el centro, el pastor brindaba apoyo integral a una gran cantidad de familias que llegaban desamparadas a la zona de Los Ángeles. Les ofrecía orientación legal y laboral, además de asistencia material y consuelo espiritual para aquellos que cargaban con profundas heridas emocionales. Este acto de amor y servicio humanitario le valió al pastor José Luis Soto el reconocimiento honorífico “Diploma of Honor Lincoln Martí” otorgado por el Departamento de Salud, Educación y Bienestar en 1971.
FUNDACIÓN DE LA IGLESIA HUNTINGTON PARK, CA.
Al renunciar a su cargo en la Iglesia del Señor y dedicar su tiempo al centro de ayuda para refugiados, el pastor Soto encontró una nueva puerta para ejercer su vocación pastoral. Lo que comenzó como un pequeño grupo de fieles pronto se transformó en la necesidad de buscar un espacio más amplio donde reunirse y adorar. Fue entonces cuando surgió una oportunidad en las Asambleas de Dios, donde el pastor Sammy Fernández ofreció su hogar como lugar de encuentro para unas 12 o 15 personas. Gracias a este gesto, nació la iglesia Iberoamérica, una congregación abierta que reunió a hispanoamericanos en el estado de California.
Con el paso del tiempo y el continuo crecimiento de la congregación, llegó el momento de trasladarse a un nuevo espacio: la Iglesia Betania, donde Soto había servido anteriormente. Más adelante, ejerció su ministerio en la iglesia Cuadrangular; sin embargo, seguía sintiendo un profundo llamado y una convicción inquebrantable de establecer un lugar propio para su comunidad. Fue entonces cuando, en contra de las expectativas humanas y las tradiciones establecidas dentro de las iglesias metodistas, Dios cumplió Su promesa.
El mismo edificio donde Soto había sentido esa convicción fue finalmente puesto a la venta meses después. Recibió la tan esperada llamada que confirmaba que ese lugar estaba disponible, lo que marcó el inicio de una verdadera conexión directa y vertical con Dios. En este punto, descubrió lo que significaba ser guiado plenamente por el Espíritu Santo, aprender a escuchar Su voz interior y actuar con alegría al cumplir Su voluntad. Fue ahí donde comprendió una de las lecciones más importantes: "Los obstáculos no se contemplan, se vencen". A partir de ese momento, su ministerio alcanzó nuevas alturas bajo la guía divina.
En enero de 1975, el pastor José Luis Soto, junto a su familia, llegó a la estación de gasolina Arco, ubicada en la intersección de las calles Whittier y Lorena en Los Ángeles. Su propósito era orar para que Dios les concediera ese lugar, ya que sentía la profunda convicción de que Él se lo entregaría. El pastor creía que ese sitio sería un medio mediante el cual Dios le proveería los recursos necesarios para continuar fundando iglesias y expandir el reino de Cristo.
Asombrosamente, el milagro ocurrió. Aunque no obtuvieron inmediatamente aquella estación específica, lograron adquirir otra gasolinera, situada en la intersección de las calles Tercera y Gage, a unas pocas cuadras de donde había orado inicialmente. Con dinero prestado y adquiriendo únicamente el inventario, el pastor Soto se convirtió en propietario, tanto de esta nueva estación como posteriormente también de la misma estación Arco de Whittier y Lorena por la que había orado al comienzo. Por la intervención divina, pasó de vivir en necesidad y escasez a gozar de una vida estable económicamente. Esto le permitió invertir importantes recursos en el ministerio al que Dios lo había llamado, cumpliendo así con el propósito que lo impulsaba.
LOS SIETE AÑOS DE PEREGRINACIÓN
En los años 1975-1976, cuando trabajar en las gasolineras requería una atención especial, el pastor José Luis Soto no dejó de cumplir con sus responsabilidades ministeriales. Continuaba predicando en diversos lugares y organizando campañas evangélicas, siempre respaldado por el Señor con numerosas conversiones y milagros de sanidad. Eventualmente, el pastor José Luis Soto fundó una nueva congregación que hoy conocemos como Misión Mundial Maranatha, EC.
A finales de 1976, un pequeño grupo de personas comenzó a reunirse bajo su ministerio, y de este grupo surgió la Misión Mundial Maranatha. El Señor empezó a agregar más fieles y a confirmar el trabajo ministerial de Soto. El 28 de septiembre de 1979, tras cumplir los requisitos en una ceremonia oficial presidida por el superintendente del distrito latinoamericano del Pacífico de las Asambleas de Dios, la iglesia fue reconocida formalmente. El pastor Soto ministró durante siete años sin un templo, continuando con su predicación de la palabra de Dios.
Doce años antes, el pastor José Luis Soto había orado por un edificio para su iglesia, el cual pertenecía a una funeraria que un terrible incendio destruyó años después. Sin embargo, el pastor no se dejó desanimar por la visión de destrucción; solo contemplaba lo que Dios había puesto en su corazón y lo que planeaba hacer en ese lugar. En 1983, dentro de los planes divinos, estaba el establecimiento de la casa de vida eterna en Cristo Jesús. A pesar de los múltiples obstáculos para adquirir la propiedad, él persistió una y otra vez, hasta que milagrosamente le concedieron los permisos necesarios para construir el templo en la esquina del bulevar y Seville en South Gate, CA.
El 28 de septiembre de 1985, el pastor José Luis Soto, acompañado de su familia y sus fieles creyentes, realizó una entrada triunfal en el lugar ubicado en el 8500 Long Beach Blvd, en la ciudad de South Gate, California. En ese momento concluyeron siete años de peregrinación, marcando el inicio de una nueva etapa que representó una dimensión transformadora en su ministerio y una relación renovada con Dios. Así como Dios transformó la vida del ministerio y del pastor José Luis Soto en 1986, este impacto sigue vigente hasta la actualidad.
NUEVAS DIMENSIONES EN EL MINISTERIO DE UN SIERVO
En enero de 1986, José Luis sintió en su espíritu un llamado divino cuando Dios le dijo: "Sepárate y sube a la montaña. Quiero hablarte". Estas palabras lo dejaron asombrado, anticipando la experiencia espiritual que estaba por vivir. El pastor compartió con su congregación este mensaje, expresando lo que había sentido en su corazón, y decidió retirarse a un campo de retiro en la ciudad de Perris, donde realizó un ayuno de siete días. Durante este tiempo, experimentó una profunda conexión con el Señor que transformó su mente y espíritu.
En ese encuentro espiritual, José Luis tuvo una visión reveladora. Dios le mostró un brazo cubierto por una larga y hermosa manga de seda brillante. En la mano del brazo había una fuente ovalada de color blanco que contenía doce dulces pequeños y coloridos. Debajo de cada uno había algo parecido a pan, y encima de éstos, tres anillos coronados por una pequeña semilla. La mano permanecía inmóvil, mientras una voz poderosa le ordenaba: "Come". Él obedeció y comenzó a comer cada uno lentamente. El último dulce tenía un sabor entre dulce y amargo, y, al terminar, el brazo se retiró junto con la fuente.
La profecía mostrada por el Señor comenzó a cumplirse al final de 1988, cerca de los tres años señalados. Entre los eventos históricos que confirmaron este cumplimiento se destacan la traición de la URSS a varios pactos económicos y militares, la independencia de las naciones socialistas europeas, la caída del muro de Berlín, la disolución del Pacto de Varsovia y otros acuerdos como el CAME. Además, se sumaron acontecimientos cruciales en las décadas posteriores: el colapso definitivo de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría, el ascenso del proceso de globalización, los nuevos pactos internacionales y momentos como la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 o la crisis financiera global de 2008.
También emergieron fenómenos como el auge del terrorismo global y la formación de diez grandes regiones en el mundo (citado como "Reing" en referencias previas). Estos eventos contribuyen a lo que se describe como la "reacción química del nuevo orden mundial", sentando las bases para un modelo sociopolítico y económico que precede al gobierno mundial y a la eventual aparición del anticristo. Según lo mostrado en esta experiencia espiritual, cuando Dios es quien habla, sus palabras se cumplen fielmente. La profecía recibida por José Luis corroboró los fundamentos escatológicos presentes en las escrituras sin contradecirlos.
Dios se manifestó al pastor José Luis Soto una tarde durante su retiro de siete días, hablándole directamente con claridad y propósito:
"Te he elegido para una nueva misión, distinta a todo lo que has realizado hasta ahora. Los hombres ya no tendrán control sobre ti, porque Yo estaré contigo. A donde te envíe, irás. Lo que te ordene, lo harás tal como te lo diga. A través de tu ministerio, multitudes me conocerán, y miles serán sanados".
Fue a partir de esta revelación divina que los proyectos comenzaron a tomar un rumbo distinto en el corazón del pastor Soto. Ahora todo cambiaría. Dios sería su único guía, pues el control humano había sido un obstáculo que limitaba la expansión de la visión y misión que el Señor le había encomendado.
En ese momento, José Luis Soto entendió finalmente lo que significaba ser un verdadero siervo en la iglesia vertical. Tras esa experiencia vivida en la ciudad de Perris, California, se convirtió en alguien sensible a la voz de Dios dentro de él. Si no sentía la convicción de que algo era la voluntad de su Padre Celestial, simplemente no actuaba. Ya no dependía de su mente, imaginación o inteligencia para tomar decisiones; había comprendido la diferencia entre vivir conforme al profundo deseo de Dios y ejecutar plenamente Su voluntad. Dejó atrás el control personal para rendirse por completo, evitando que pensamientos, deseos o imaginaciones interfirieran con el propósito divino en su vida.
Así fue como el Pastor Jose Luis Soto dio inicio a una nueva etapa en su vida personal y espiritual, adoptando su misión como siervo del Señor. En el año 1986, el Padre Celestial abrió nuevas puertas para él. Fue el 30 de junio de ese mismo año cuando el programa radial “Una Cita con Dios” salió al aire por primera vez. Con entusiasmo, lanzaron un mensaje lleno de amor, paz, salvación y esperanza, con el firme propósito de llevar bendiciones y renovación espiritual a cada hogar y cada vida, impulsados por el poder del Espíritu Santo. Paralelamente, se estableció el ministerio con el mismo nombre, que con el paso del tiempo evolucionaría hasta convertirse en el Concilio Internacional “Una Cita con Dios”.
En enero de 1987, el programa comenzó a transmitirse a nivel internacional a través de KVOH "Alta Aventura", una emisora cristiana de onda corta que podía escucharse en toda Centroamérica y Cuba. Desde entonces, llegaron cientos de testimonios y relatos sobre grandes milagros, con casos de personas ciegas recuperando la visión y enfermos con sida sanados gracias a las oraciones difundidas por las ondas radiales. A partir de ese momento, el ministerio mediático entregado por el Señor comenzó a expandirse. Se concretó la construcción de dos estaciones radiales en Nicaragua y, a lo largo de los años, se organizaron eventos anuales multitudinarios en el estadio nacional de ese país. Posteriormente, en 1995, comenzaron a emitirse programas de televisión y, más adelante, transmisiones en vivo de los servicios religiosos de Maranatha mediante internet.
Los testimonios se multiplicaban día tras día, provenientes de todas partes: desde Los Ángeles, Miami, Puerto Rico, Centroamérica e incluso desde Cuba, donde no existían emisoras radiales cristianas en ese tiempo. Milagros y sanidades se manifestaban en cada rincón, demostrando un despliegue asombroso del poder y la gracia de Dios. Maranatha se convirtió en un pilar crucial: una fragua para formar obreros, una fuente inagotable de recursos, una roca sólida que brindaba respaldo espiritual y financiero a otros ministerios, y transmisora de vida para cientos de miles de almas que, en diversos lugares y formas, recibían el mensaje de la palabra de Dios.
LOS ALCANCES DE UNA IGLESIA Y UN SIERVO VERTICAL
En 1989, cuando Dios envió al pastor José Luis Soto a Nicaragua, éste desconocía lo que terminaría desarrollando en aquel país. Sin embargo, tenía la certeza de que el Señor lo estaba guiando, aun sin darle instrucciones claras. Tenía muy en claro que debía predicar, aunque ignoraba los detalles sobre dónde ni cómo lo haría. En ese momento no comprendía por completo lo que el Padre deseaba que hiciera.
El pastor José Luis Soto confiaba en que Dios tenía un plan preparado para él, un propósito que se realizaría de una manera u otra y a pesar de cualquier oposición. Percibía con convicción la guía divina y sabía que debía obedecer, enfrentará lo que enfrentara. Fue en esas circunstancias cuando comenzó a darse cumplimiento de manera especial a lo que Dios había hablado durante un ayuno de siete días: *Irás a donde Yo te mande y harás lo que Yo te ordene.*
Con disposición y obediencia, el pastor estaba comprometido con la autoridad divina, aunque sus propios deseos lo inclinaban hacia otro camino. En su plan personal, sentía el llamado de ir a El Salvador, conocido como *El Pulgarcito de América* por ser el país más pequeño de Centroamérica. Su intención era prestar ayuda a los niños desamparados, víctimas de la terrible guerra civil que atravesaba la nación. Sin embargo, esta decisión no coincidía con la voluntad divina. Dios le habló al pastor Soto durante un tiempo de oración y le reveló con claridad que había escogido otro lugar para su misión.
Confundido y algo molesto, el pastor respondió al Señor diciéndole: "Si tienes otro país para mí, entonces no sé cuál es tu voluntad." Ante esta incertidumbre, fijó una condición en su conversación con Dios: si realmente era otro país el destinado para su labor, debían presentarse líderes nacionales de ese lugar para pedirle ayuda y manifestar un compromiso pleno en apoyarlo con todo lo necesario para cumplir su misión.
Al cabo de los días, el reverendo Omar Duarte regresó a la oficina del pastor José Luis Soto, ratificando la petición y diciéndole que el concilio que él dirigía estaba dispuesto para ayudarlo en lo que él quisiera o necesitara. Entonces entendió el Pastor Soto que la voluntad del Padre celestial, con respecto al lugar donde Dios quería que él fuera, era Nicaragua y no El Salvador.
Entre tantas luchas, oposiciones y ataques del enemigo, en enero de 1989, un día antes de salir a Nicaragua, se enfermó el pastor José Luis Soto, cuya enfermedad no lo detuvo. Muchos piensan que, si es la voluntad de Dios lo que hagas para su gloria, todo tiene que ser fácil y salir muy bien. Las personas así solo lo ven a él en las bendiciones, pero no en las tribulaciones o pruebas. No comprenden que estamos en una lucha espiritual contra principados, potestades, gobernadores de estas tinieblas, bajo las órdenes de Satanás, y que ellos no se podían quedar con los brazos cruzados cuando se les sirve legítimamente.
La congregación completa de Maranatha oró por él, pero no sanaba. Clamo a Dios: “Señor, siento que me hablaste, pero ahora enfermo con tanta fiebre, ¿cómo voy a ir?” El señor le contestó muy internamente dentro de él: “Yo te envío. Esto es entre el diablo, tú y yo. Haz lo que te mando que hagas”. Al llegar al aeropuerto de Nicaragua, parecía un campo de guerra, ametrallador y trinchero por doquier. Su esposa Carmita estaba en pánico. Entonces, allí sintió que estaba en el centro de la voluntad de Dios. Diciéndole a su esposa: “Ahora sí que he llegado al lugar donde el Señor lo quería” y en ese momento, al expresar tales palabras, sintió la total sanidad en su cuerpo y quedó libre. Aún no sabía exactamente para qué estaba en aquel país, pero sí sabía, con una profunda convicción, que estaba en la voluntad de Dios y que era dirigido por el Espíritu Santo.
Desde su llegada al aeropuerto a Managua, Nicaragua, comenzó a sentir una unción especial y una autoridad que nunca antes había sentido, por lo que tenía la convicción de que grandes cosas Dios iba a hacer a través de la vida del pastor José Luis Soto. Muchos ministros le testificaban que sentían una convicción ellos, de que Dios haría en su país de ellos (Nicaragua) grandes cosas. Y sí ocurrió en realidad y Dios lo comprobó en su vida. En la primera cruzada, al salvar y sanar enfermos incurables, docenas de personas y centenares aceptaron a Cristo como salvador personal.
MILAGROS A TRAVÉS DE UNA IGLESIA VERTICAL
Un año después, en enero de 1990, el Señor permitió que el pastor José Luis Soto realizara su primera cruzada evangélica en Managua, en la plaza Ana María Cisne. Para prepararse para esta cruzada, dedicó tiempo exclusivamente al ayuno y la oración, aislándose en un tráiler ubicado en las montañas de Temecula, al sur de California. Durante ese periodo, clamó fervientemente por la unción del Espíritu Santo y el apoyo divino que necesitaba.
En el tercer día de su ayuno, mientras permanecía de rodillas orando y reflexionando, una experiencia insólita lo estremeció. Percibió repentinamente un olor extraño a su alrededor y, de inmediato, fue invadido por el miedo. Al levantar la cabeza y abrir los ojos, se encontró frente a dos figuras demoníacas, paradas en completo silencio, con una apariencia perturbadora. Estos seres permanecían con los brazos cruzados frente a él. El pánico fue tan intenso que inicialmente olvidó reprenderlos y no sabía cómo reaccionar. Sin embargo, en medio del desconcierto, sintió cómo la unción del Espíritu Santo llegó sobre él, instruyéndole a tomar autoridad y reprenderlos en el Nombre de Jesús. Superando su temor, avanzó hacia ellos con decisión, gritándoles y ordenándoles retroceder. Los demonios comenzaron a retirarse mientras él continuaba empujándolos hacia el fondo del tráiler. Finalmente, al llegar al límite de la pared, donde no había ni puertas ni ventanas, los espíritus atravesaron la barrera sólida y huyeron.
Tras esta impresionante prueba espiritual, el pastor José Luis Soto siguió buscando claridad en la voluntad de Dios para cumplir su propósito ministerial. En su corazón sentía un fuerte deseo de viajar a El Salvador, conocido como el Pulgarcito de América por ser el país más pequeño de Centroamérica. Su intención era ayudar a los niños desamparados que sufrían las consecuencias de la cruenta guerra civil que atravesaba esa nación en aquel momento. Sin embargo, sus planes no concordaban con lo que Dios tenía dispuesto para él. Durante un tiempo de oración, el Señor le habló directamente y le confirmó que tenía escogida otra nación como destino para su obra. Esta revelación lo dejó confundido y algo molesto; entonces expresó a Dios que si tenía otro país en mente, necesitaba saber cuál era Su voluntad.
Como respuesta a su incertidumbre, el pastor José Luis Soto puso una condición: que los líderes nacionales de esa nación elegida vinieran hasta él, buscando su ayuda y ofreciéndose a colaborarle en todo lo necesario para apoyar su misión.
PRIMER CRUZADA
El momento de la cruzada por la que tanto había orado finalmente llegó. Desde el primer día, los milagros fueron asombrosos y llenos de gloria. Personas enfermas de cáncer recibieron sanidad, dientes dañados fueron restaurados milagrosamente y muchas vidas experimentaron transformaciones increíbles. El pastor Soto, quien hasta entonces había sido algo escéptico respecto a este tipo de testimonios, pudo presenciar personalmente estos sucesos que lo dejaron sin palabras. Además, aquellos que estaban poseídos por espíritus malignos fueron liberados. En ese ambiente cargado de fe y espiritualidad, desafié al enemigo, declarando que si había brujos o demonios presentes entre la multitud, se manifestaran allí mismo para que todos pudieran darse cuenta de quién es realmente el Rey de reyes y Señor de señores. Pero no ocurrió nada; ningún espíritu se manifestó.
El pastor Soto siempre se había mostrado obediente a la voluntad divina. Su deseo era viajar a El Salvador, conocido como "El Pulgarcito de América" por ser el país más pequeño de Centroamérica. Su anhelo era ayudar a los niños desamparados en un momento difícil, ya que el país atravesaba una terrible guerra civil. Sin embargo, ese plan no coincidía con los designios que Dios tenía para su misión. Durante un momento de oración, el Señor le habló con claridad y le reveló que había escogido otra nación para él. Esta revelación lo llenó de confusión e incluso algo de incomodidad, llevándolo a expresar: "Si tienes otro país para mí, no sé cuál es tu voluntad".
En un acto de fe y entrega total, el pastor José Luis Soto impuso una condición: que líderes nacionales del país al que debía ir se presentaran ante él, pidieran su ayuda y se comprometieran a colaborar plenamente en todo lo necesario para cumplir con la misión encomendada.
Terminó la campaña; mientras regresaban a los Estados Unidos, el pastor se preguntaba constantemente por qué Satanás no había podido manifestarse, ni sus demonios, para hacer algo. Íbamos en el avión cuando el Espíritu Santo vino sobre el pastor Jose Soto y le habló internamente.” ¿NO ME PEDISTE EN TU AYUNO QUE HICIERA? ¿UNA BÓVEDA? Si tú no hubieras hecho huir a aquellos demonios que se te presentaron en el tráiler, Satanás te hubiera atacado con sus demonios, pero como los hiciste huir, se selló el éxito que te di en la cruzada”. “¡¡¡GLORIA A DIOS”!!!
PRESUPUESTO CERO PARA RADIO MARANATHA
SEGUNDA CRUZADA.
Fue en 1991, mientras celebraba la segunda cruzada en la Plaza de la República, en Managua, Nicaragua, en la cual lo había acompañado el famoso cantante Óscar Medina. Vino una hermana muy alegré que se estaba gozando de las grandes maravillas que el Señor estaba realizando. Esta hermana conocía al ingeniero encargado del TECOR (telecomunicaciones y correos), el departamento de radio y comunicación de Nicaragua, quien era también el que daba las licencias para construir radioemisoras.
Era el mes de febrero de 1991 cuando la hermana le presentó al señor Reinerio Montiel, una persona finísima y muy recta. Le presenté mi humilde cartita, y su rostro se demudó, como si se sintiera insultado; hizo un gesto de interrogación con sus manos y me espetó: “Bueno, ¿qué es esto?”. ¿Dónde está el anteproyecto y el estadio de campo hecho que muestre que aquí en Managua se necesita una emisora como la que usted está pidiendo?” Pastor Jose Luis Soto, le explico que su intención no había sido insultar su inteligencia, que sencillamente el pastor ignoraba el protocolo relacionado con la información de una emisora radial, pero que Dios lo había enviado a Nicaragua para bendecirla y para ayudar a miles de niños y que esa emisora conduciría al país con un camino de paz y amor. Al terminar la cruzada y regresar a los Estados Unidos, pasó un mes. Entonces, en las cintillas noticiosas de un canal de televisión nicaragüense, salió la noticia: TECOR concede al “Concilio Internacional una cita con Dios y al reverendo José Luis Soto”, la licencia para construir una radioemisora de 25 mil watts de potencia en amplitud modulada en la ciudad de Managua.
El 22 de octubre de 1992, lanzamos por primera vez nuestra voz al aire a través de las gloriosas ondas de Radio Maranatha. Dios le había dado el potencial económico por medio de su congregación, tal como le dijo que lo haría.
INAUGURACIÓN DE RADIO MARANATHA.
El 17 de abril de 1993, inauguraron oficialmente a Radio Maranatha en el Estadio Nacional de béisbol en Managua, ante una concurrencia de 15 mil personas; entre los asistentes estuvo la presidenta de la Nación, doña Violeta Barrios de Chamorro. El discurso de la presidenta fue excelente. La gloria de Dios se sentía en el estadio; una vez más el Señor le había mostrado que lo había enviado a Managua.
EVENTO DEL MILENIO EN MANAGUA, NICARAGUA.
En 1999, su hijo David, que era el misionero de su ministerio en ese entonces, Dios le permitió llevar a cabo obras hermosas allí, entre ellas la construcción de Radio Maranatha. Entre otra muy importante, era llevar a cabo un acontecimiento unido con todos los ministerios evangélicos que él pudiera reunir para celebrar la culminación del milenio pasado y recibir al nuevo año 2000. Con el respaldo de Dios, se llevó a cabo en el Estadio Nacional de Béisbol, que tenía una capacidad de 25 mil personas, pero pudieron entrar unas 40 mil personas. Así se llevó a realizar “el evento del milenio”; una vez más la gloria de Dios descendió en aquel estadio.
SURGIMIENTO DE RADIO EBEN-EZER.
El ingeniero Montiel, director de TELCOR, quedó profundamente impresionado con la construcción de Radio Maranatha. Aprovechando la ocasión, el pastor José Luis Soto le solicitó la emisión de una licencia para construir otra emisora de frecuencia modulada, esta vez con una potencia de 10 mil watts. Sin embargo, Montiel respondió: "No necesitas tanto en FM; te daré 5 mil watts de potencia." Así iniciaron la construcción de la nueva emisora, enfrentándose a diversos desafíos, incluyendo la importación de equipos desde Estados Unidos y obstáculos en las aduanas.
Finalmente, el 28 de enero de 1996, se celebró en el teatro Rubén Darío de Managua la inauguración de Radio Eben-Ezer. Durante la ceremonia, la presencia del Espíritu Santo fue tan evidente que incluso quienes no compartían la fe se vieron conmovidos. Muchos se preguntaban sorprendidos por qué sentían ganas de llorar, mientras se vivía un momento profundo en medio de un contexto nacional marcado por los estragos de una dolorosa guerra civil.
A pesar del éxito ministerial, algunas decisiones no parecían encajar en los planes personales del pastor Soto. Sin embargo, en un tiempo de oración, el Señor le reveló que tenía otro propósito y otra nación designada para él. Ante esta revelación, y sintiéndose confundido y frustrado, el pastor le expresó: "Si tienes otro país para mí, no entiendo cuál es tu voluntad." Decidido a buscar confirmación divina, puso una condición. Dijo que aceptaría si líderes nacionales de ese país se presentaban ante él para pedirle ayuda y ofrecerse a colaborar en todo lo necesario para cumplir este nuevo llamado. ¡GLORIA A DIOS!
NACIMIENTO DEL COLEGIO UNA CITA CON DIOS.
Ahora venía el siguiente eslabón en la cadena de victorias que el señor formaba en la tierra del gran poeta Rubén Darío; sería la escuela que comenzamos con solo un programa de instrucción hasta el sexto grado que con el tiempo se convertiría en “COLEGIO”, adicionando un programa de secundaria y bachiller.
El Pastor Jose Luis Soto no había tenido planes de establecer escuela alguna. Pero cierto día, recibió una llamada desde Nicaragua de la secretaria Nidia Ortiz, informando que en uno de los barrios marginales de Managua, llamado “Vista Xolotlan”, iban a cerrar una pequeña escuela que tenía el aval del Ministerio de Educación; la señora que la dirigía ya no podía atenderla. El Pastor Jose Luis Soto sintió el toque del Espíritu Santo en su corazón y le dijo: “Nosotros la tomaremos y la haremos grande” en el nombre del Señor. Inmediatamente, el pastor José Luis Soto viajó a Nicaragua, y se comenzaron los trámites. Fueron al lugar; la escuelita consistía en una casita vieja, sin electricidad, sin letrina y con capacidad máxima de 30 alumnos. Les prometió que tendrían una escuela grande y hermosa, pero que le dieran tiempo para lograrlo. La condición en que se encontraban esos niños era terrible, paupérrima; no tenían comida, ropa ni zapatos, se bañaban en aguas negras, muchos de ellos estaban llenos de piojos y parásitos.
Cocinaban la comida a millas de distancia y la transportaban en una camioneta para llevársela a los alumnos. Así estuvieron por 4 años hasta la inauguración de la nueva escuela. Venía ahora la construcción del nuevo edificio. Sin dinero, firmó los contratos pertinentes y, para hacerlo más glorioso aún, trajeron al entonces alcalde de la ciudad, Arnoldo Alemán, para que pusiera la primera piedra del proyecto al que anteriormente él mismo se había opuesto, y sin dinero también comenzamos la construcción. El costo total, incluyendo la edificación inicial y las adiciones posteriores, fue de unos 330 mil dólares.
La escuela ha llegado a tener alrededor de 1100 niños, desde educación pre-escolar hasta bachillerato; cientos de niños comían allí dos veces al día; la mayoría recibían uniformes, ropa, zapatos, asistencia médica y recursos adicionales como computación y clases de inglés. Pastor José Luis Soto, puede decir que sin lugar a dudas ni exageraciones que todo lo que él hizo en su ministerio que él Señor le dio puede ser titulado “Hecho con presupuesto cero”, pues la fe no es necesaria cuando marchan basados en presupuestos.
Hoy en día, el pastor José Luis Soto entendía las palabras que el Señor le había dado: “En la congregación que yo te doy, está todo el potencial financiero, para que tú hagas lo que yo te mando”. Nunca hemos pedido ni un dólar a nuestros televidentes y radioyentes. Todo salía de nuestra congregación, como Dios le había dicho que ocurría.
Desde 1986 hasta hoy así ha ocurrido. Como pastor Soto pudo decir que la congregación que Dios le había dado era la visionaria y esforzada que él había conocido. Ellos llevan en sus corazones la misma visión que nuestro Padre Celestial puso en el corazón del Pastor José Luis Soto y luchan incansablemente para mantener y expandir nuestra obra misionera.
No estaba en la agenda del pastor Soto, pero sí en la del Señor. Y esa pequeña convulsionada y revolucionaria nación centroamericana se convirtió en mi “romance”, en mi “novia” espiritual; por ella sufrió la desesperación de la impotencia humana. Por ella él clamaba y lloraba durante horas delante de la presencia de Dios, pero también por ella y a través de ella él pudo vivir la emocionante vida de un siervo de Vertical. Dios, una vez más, muestra las pruebas de sus obras, de lo que él puede hacer a través de un siervo que le cree y le obedece.
En este año 2026, estaremos celebrando 33 años, más de cuarto de siglo, transformando vidas, niños marginados y entregándoles a la sociedad nicaragüense como ciudadanos de primera clase y evangelizados.
VERTICALIDAD EN EL PULGARCITO DE CENTROAMÉRICA: “UNA TRAGEDIA Y UN LLAMADO”
Durante más de 12 años, desde finales de 1979 hasta 1992, la nación de El Salvador, conocida como el país más pequeño, llamado “el pulgarcito de Centroamérica”, había sido azotada por una sangrienta guerra civil entre el gobierno y la guerrilla marxista.
La mente y su corazón de pastor, José Luis Soto, estaban atados a la tragedia salvadoreña a tal punto que llegó a involucrarse anímicamente en la situación, que al sentir el llamado de Dios para la obra misionera internacional, su voluntad tomó curso y decidió comenzar a trabajar para ayudar a los salvadoreños.
Era el año 2002, cuando los misioneros que el pastor José Luis Soto tenía en Nicaragua fueron trasladados a El Salvador, tierra natal de ellos, “El Salvador”. Fue entonces cuando sintió la dirección divina de que era el tiempo de llevar la obra misionera a ese país. Era un lugar sumamente pobre, en el que tuvo que construir desde el comedor infantil y la capilla hasta barrenar el pozo que les supliría el agua. La mano de Dios no se hizo esperar y, de inmediato, se abrieron las puertas para que atendieran 10 prisiones de máxima seguridad. En una de esas prisiones estaban los integrantes de la Mara 13 o salvatrucha; se atendían también prisiones con criminales comunes: unas de hombres y otras de mujeres. No parecía fácil ministrar a los presos, pero cuando Dios está en el asunto, lo difícil se torna fácil, lo posible será hacerse posible.
NUESTRA AYUDA MISIONERA EN HAITÍ.
El pastor José Luis Soto llevó la ayuda al país de Haití, llevando una brigada de doctores y enfermeras nicaragüenses con bastante medicina que dio gran ayuda a centenares de enfermos. En los días que estuvo allí, pastor Soto, durante su viaje misionero con la brigada de médicos, pudo aprender a decir “Bonjou”, buenos días, y “Bonwa”, buenas tardes. Su sentir y pensar de pastor Soto, es aunque se llevara toda la ayuda que se pueda enviar a ese desafortunado país nunca será suficiente. Estamos haciendo lo mejor que podemos para continuar enviándoles todo auxilio que nos sea posible, y para mantener al encargado que representa al ministerio, el pastor Joseph Romann.
Al mirar la obra que también el Señor le había permitido realizar en Haití, hoy más que nunca podemos proclamar ese lema que hace años él Señor lo inspiró en oración, lo hizo suyo y era el motor impulsor de su vida. Desde 1986 mantuvo su lema:
“Si puedes soñarlo y puedes creerlo, puedes realizarlo en el nombre de Cristo Jesús”.
Dr. Jose Luis Soto.
World Mission Maranatha
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