IN LOVING MEMORY OF

Ana Griselda

Ana Griselda Borrayo Profile Photo

Borrayo

Oct 3, 1968 — Jul 12, 2026

Hawthorne, CA

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Obituary

Obituario de Ana Griselda Borrayo

su sonrisa, sus palabras de aliento, sus oraciones y su inmenso corazón dejaron una huella imborrable en cada persona que tuvo la dicha de conocerla

El 3 de octubre de 1968, en San Salvador, El Salvador, nació Ana Griselda, una hermosa niña que llenó de gozo el corazón de su madre, Mercedes Quintero. Desde sus primeros días fue rodeada por el cariño de su familia, creciendo en un ambiente lleno de ternura y principios que moldearon el carácter de la mujer virtuosa que llegaría a ser.

En 1979 emigró junto a su familia a los Estados Unidos, estableciéndose en el estado de California. Allí fue criada con esmero por su madre, Mercedes, y por su querida abuela, Tula Gertrudis Barnica, cariñosamente conocida como Mamá Tulita. Creció en un hogar cristiano donde, desde temprana edad, aprendió a conocer la Palabra de Dios y desarrolló una fe inquebrantable que sería el fundamento de toda su existencia. Aunque ella, sus hermanas y su hermano atravesaron la niñez sin la presencia de un padre, el Señor proveyó para ellos cuando, en 1983, Alfonso Quintero contrajo matrimonio con Mercedes y los recibió como hijos propios, brindándoles el amor y la protección de un verdadero padre.

Durante su juventud se congregó en la Iglesia Rehoboth. Fue allí, en 1986, donde su amiga Marlene Dolores le presentó a un joven llamado Rony Roberto Borrayo, el hombre que Dios había preparado para caminar a su lado. Dos años después, en 1988, unieron sus vidas en matrimonio en Inglewood, California, iniciando un hogar cimentado en la fe, el respeto, la entrega mutua y el amor de Dios.

En diciembre de 1989 nació su primer hijo, Brian Joseph Borrayo, y en noviembre de 1993 llegó Alan Fernando Borrayo, completando así la familia que tanto anhelaban. Junto a Rony, Griselda trabajó con esfuerzo, dedicación y sacrificio para ofrecerles las mejores oportunidades, guiándolos siempre mediante el ejemplo, la enseñanza y los valores cristianos. La maternidad fue uno de los mayores regalos que Dios le concedió, y contemplar a sus hijos crecer, alcanzar sus metas y permanecer firmes en los caminos del Señor fue una de las mayores satisfacciones de su corazón.

Con el paso de los años, las bendiciones continuaron multiplicándose. En abril de 2015, Brian contrajo matrimonio con Jennifer y, en noviembre de 2018, Alan se unió en matrimonio con Stephanie. Más adelante, en agosto de 2021, recibió uno de los regalos más preciosos de su vida: el nacimiento de su amado nieto, Alec Borrayo. Su llegada iluminó sus días y llenó su corazón de una felicidad indescriptible. Ser su abuela fue un privilegio que disfrutó profundamente y que atesoró con inmenso cariño.

Griselda fue una mujer diligente, íntegra y comprometida en cada responsabilidad que asumió. Sin embargo, uno de los mayores privilegios de su caminar fue servir al Señor. Con humildad y fidelidad desempeñó distintos ministerios como miembra, diaconisa, maestra e integrante de la directiva de damas de la Iglesia Roca de Salvación. En cada área donde Dios la colocó dejó testimonio de una fe genuina, un espíritu dispuesto y un corazón completamente entregado a su obra. Allí también tuvo la alegría de ver a sus hijos crecer espiritualmente y servir al Señor con convicción.

Quienes tuvieron el privilegio de conocerla saben que Griselda hizo de su vida un ministerio de servicio. Las puertas de su hogar permanecieron siempre abiertas para recibir a familiares, amigos y hermanos en la fe. Nunca faltó una palabra de ánimo, una oración sincera, un consejo sabio o una mano extendida para quien atravesaba momentos difíciles. Reflejaba el amor de Cristo en su manera de vivir y poseía un don especial para hacer sentir valiosa a cada persona que llegaba a su lado. Disfrutaba reunir a quienes amaba y convertir cada encuentro en un espacio lleno de sonrisas, paz, armonía y recuerdos que permanecerán para siempre.

La vida de Griselda estuvo marcada por una fe profunda, una generosidad incansable y una alegría que contagiaba a todos los que la rodeaban. Será recordada por su nobleza, su fortaleza, su sabiduría y la entrega con la que cuidó de su familia y honró a Dios. Su sonrisa, sus palabras de aliento, sus oraciones y su inmenso corazón dejaron una huella imborrable en cada persona que tuvo la dicha de conocerla.

El 12 de julio de 2026, a las 7:40 de la noche, Griselda partió a la presencia del Señor en la paz de su hogar en Hawthorne, California, rodeada del amor de su familia. Momentos antes habían compartido un devocional en su habitación, un momento profundamente especial en el que la presencia de Dios se hizo sentir de una manera gloriosa. Con la esperanza que ofrece el Evangelio, hoy no solo lloramos su partida, sino que también celebramos la hermosa herencia espiritual que deja detrás de sí.

Hoy despedimos a una esposa ejemplar, una madre amorosa, una abuela orgullosa, una hija agradecida, una hermana incondicional y una amiga fiel. Aunque su ausencia deja un profundo vacío en nuestros corazones, su legado de fe, compasión, generosidad y servicio seguirá viviendo en cada persona que fue alcanzada por su ejemplo. Damos gracias a Dios por el regalo de su vida y por el privilegio de haber compartido innumerables momentos a su lado. Nos consuela la promesa de que, para quienes han puesto su confianza en Cristo, la separación es solo temporal y un día volveremos a reunirnos en la presencia de nuestro Señor.

Ana Griselda deja para honrar su memoria a sus padres, Mercedes y Alfonso Quintero; a su amado esposo, Rony Roberto Borrayo; a sus queridos hijos, Brian Joseph Borrayo y Alan Fernando Borrayo; a sus apreciadas nueras, Jennifer y Stephanie; a su adorado nieto, Alec Borrayo; a su hermana, Noemí Medina; a su hermano, Edwin Velásquez; así como a numerosos familiares, hermanos en la fe y amigos, quienes conservarán para siempre el recuerdo de una mujer cuya vida fue un fiel reflejo del amor de Cristo. Con gratitud y esperanza aguardamos el día en que volveremos a verla en la gloriosa presencia del Señor.

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